01/06/2011

A palabras necias, oídos sordos

El Dr. van Uto, mi psicólogo de cabecera, decide que mi depresión (más la cantidad de situaciones extrañas que me vienen aconteciendo con el género femenino y el hecho se ser fanático de Racing), ha llegado a un límite muy por debajo de la litosfera y de todas las placas tectónicas de la Tierra con lo cual me deriva a una consulta psiquiátrica para medicarme con suma urgencia si quiero tener alguna esperanza. Un aliento bárbaro me dio van Uto, siempre el mismo pu... silánime.
La licenciada Viviana Old le hace honor a su apellido, debe tener 300 años aproximadamente si leo correctamente los surcos que atraviesan su frente, cara, manos, todo su cuerpo todo.



-¿Dónde me siento? -le pregunto cuando ingreso a su consultorio en San Telmo. Una casa antigua, y el cuarto que me atiende, repleto de libros viejos, algunas arañas en el techo (no lámparas) y un olor extraño a rancio y a vómito de varios días.
-¿Su nombre es? -pregunta ella ignorando mi consulta anterior.
-Guillermo. ¿Dónde me siento?
-¿Cómo el jugador de Boca? ¿Y el nombre?
-¿Qué jugador? Ya le dije el nombre: Guillermo.
-¿Palermo?
-No, no. Guillermo. Guillermo.
-¿Qué?
-Guillermooo -alzo la voz.
-Ah Guillermo, pero siéntese mi´jo, ¿qué hace parado? Siéntese ahí -me señala una silla.

Me siento, ella me enfrenta con otra silla y puedo ver su mandíbula desencajada, su pelo que no es su pelo, sino una mala peluca rubia que la hace aún más atemorizante, y unos ojos tan ojerosos que trasmiten una sensación muy lejana a la paz que buscaba.

-¿En qué lo puedo ayudar?
-Qué pregunta difícil, ¿por dónde empiezo?
-¿Qué? -Y se inclina para adelante acercando su oreja derecha a mi rostro para intentar escuchar.
-Le dije que es una pregunta difícil –repito elevando la voz nuevamente.
-¿Marabunta? ¿Dónde?
-"Pregunta", señora. "Pregunta". Nunca dije “marabunta”.
-¡Ah, mi´jo, hable claro! Ya me parecía raro.

Cuento hasta 5 para no putearla.

-Me separé el año pasado, mi ex mujer me engañó con mi mejor amigo, soy fanático de Racing, se la pasan perdiendo, mi ex...

Suena el teléfono del celular de la doctora (con un ring tone molesto: una versión de Xanadú cantada por Olivia Newton John y Travolta -Jonh también- pero extremadamente aguda) interrumpiendo mi presentación. Mrs Old atiende:

-¿Hola? -a los gritos, se pone de pie para atender - ¿Qué? ¡¡Hable más fuerte!! No, ahora no puedo, estoy con un paciente. Bueno, bueno, traeme unos espárragos, cebollas y tomates. Ah, y papas. Dos kilos. Sí. Sí. Gracias. ¿Qué? No te entendí. ¿Qué? Bueno, llamame después.

Se sienta. Me mira con sus ojos de mapache, y me vuelve a preguntar.

-¿En qué lo puedo ayudar?
-Ya le estaba contando.
-¿Qué?
-QUE YA LE ESTABA CONTANDO PERO SU TELÉFONO...

Es cuando un reloj cucú (sí, un reloj cucú... increíble) suena con un ruido espantoso. El pajarraco que sale parece una versión aggiornada del dibujito de Piernas Locas Crane. Unas campanitas ayudan a amplificar el estruendo general. El sonido “cucú cucú” de fondo se hace insoportable.

-Disculpe, ¿cuánto dura ese cucú?
-¿Qué?
-¿QUÉ CUÁNTO DURA ESE CUCÚ?
-¿Qué cucú?

Cuento hasta 10 ahora para no putearla.

-¿CÓMO “QUÉ CUCÚ”? ¿NO ESCUCHA EL RELOJ INFERNAL QUE ESTÁ DETRÁS SUYO?
-Ahhhhh, ¿el cucú dice usted, mi´jo?
-SÍ, EL CUCÚ SEÑORA.
-Dura dos minutos más, no se ponga ansioso. Quizás debamos medicar esa ansiedad que no le favorece. Podemos empezar con algo natural, yuyo u hongo.
-¿Yuyo u hongo? ¿Me habla en serio?
-¿Qué?
-DIJE YUYO U HONGO... ¡¡¡QUE USTED NO ESCUCHA UN PORONGO!!!

Suena otra vez Xanadú y mismo procedimiento. La doctora se levanta y contesta el celular a los gritos. El cucú por suerte cesa su tortura en ese momento.

-¿Qué? ¿En dónde? Ah, de ahí traete medio kilo de carne picada, y unas costillitas de cerdo. ¿Qué? No, de la carnicería, no de la heladería. Dale. Bueno, bueno. Ahora no puedo que estoy con un paciente.

Corta, se sienta, me mira. Sonríe. Me aprieto los huevos con una mano para distraer mi atención y no mandarla a la putísima madre que la parió.

-¿Me decía?
-Sí, le decía que me separé de mi mujer hace más de un año y que...
-¿Qué?
-QUE ME SEPARÉ DE MI MUJER HACE MÁS DE UN AÑO, Y TENGO PROBLEMAS PARA RELACIONARME CON LAS MUJERES. SIEMPRE ME SUCEDEN COSAS EXTRAÑAS QUE ME HACEN DUDAR QUE MI VIDA SEA REAL. SUELO PENSAR QUE SOY UN PERSONAJE MEDIOCRE DE ALGÚN DESALMADO ESCRITOR.
-¿Qué tiene que ver un Castor con las arañas?
-¿Qué arañas? ¿Qué Castor? ¿De qué habla?
-¿Qué?
-DIJE ¿QUÉ ARAÑA? ¿QUÉ CASTOR? ¡Y BASTA CON LOS “QUÉ”!
-¿No habló de cosas que lo arañan? ¿De un desalmado castor?
-Cosas "EXTRAÑAS", dije. "Extrañas". Y un desalmado "escritor".
-Por eso, castor.
-ESCRITOR. ESCRITOR.
-Escribir, claro. Esa es una buena idea para controlar su ansiedad, señor Palermo.
-GUILLERMO.
-Eso, y los yuyos y los hongos.

El reloj cucú vuelve a sonar con toda su furia. Las campanas repican. Y Xanadú se suma al baile.

-Es la hora mi´jo.
-¿Ya?
-¿Qué?
-Dije que “¿ya?”. Si no pasaron ni 15 minutos.
-¿Qué?
-QUE NO PASARON NI 15 MINUTOS
-No, no me interesan los putos, y menos si son tantos. Hablaremos de su inclinación sexual más adelante. En la próxima sesión.
-Yo no tengo ninguna lesión, Dra Old.
-Ay mi´jo, no dije “lesión”. Dije “sesión”. Le voy a dar una receta para unos antidepresivos y una orden para ver a mi amigo el Dr. van Gogh, que es un excelente otorrinolaringólogo. Necesita verse esas orejitas, Sr Palermo. Usted no escucha muy bien que digamos. Por lo pronto, lo veo la semana que viene a la misma hora. ¿Se sintió cómodo por ser la primera vez?

Cuento hasta 20. Cuento hasta 30. Pero nada me tranquiliza. Decido esperar a que el Cucú se calle para mandar a la vieja chota a donde se merece, y no precisamente al otorrincólogo o cómo corno se llame.

09/05/2011

Eusebio, las flores y los mosquitos





El tipo tiene la misma remera todos los días. No me quiero ni imaginar el olor asqueroso que debe desprender. Y los mismos pantalones de jean agujerados por todos lados. No me fijo nunca si tiene las mismas zapatillas porque nunca miro los pies de las personas. No sé, no debe interesarme demasiado lo que usan.
El tipo siempre está parado en la misma esquina. A una cuadra de la casa de mis viejos. O sea, mi casa ahora. Y cada vez que llego del trabajo, o vuelvo del almacén de comprarle las galletitas a mi vieja, o del veterinario pa´llevar a Baboso (el perro de mi viejo), se me acerca y me ofrece comprar su mercadería.

-5 pesitos nomás, ¿querés?
-No, no tengo a quién –respondo siempre.
-5 pesitos nada más, tomá.
-No, ya te dije que no. Gracias.

El tipo vende flores. Siempre te ofrece un ramito preparado. Me olvidé de contar eso. Es como que te refriega por la cara todos los días que estás solo. Me da ganas de meterle una docena de orquídeas en el orto.

-Eh, Guille –me grita Juan Pablo cruzando la calle – ¿A dónde vas? Justo iba para el bar.
-Estaba llevando estas camisas a la tintorería de la otra cuadra para que me las planchen.
-¿Pero vos no vas a la tintorería que está cruzando la avenida?
-Sí, pero están de duelo. El japonés se murió.
-No me digas eso. Yo le dejé mis pantalones el lunes. ¿Qué le pasó?
-Ni idea. Según dicen un ataque el corazón mientras laburaba.
-Noooo.
-Y sí, se ve que mientras planchaba, se quedó seco.

Nos reímos porque la frase sale sin pensarla.

-Dale, que dejo las camisas y nos tomamos unas cervezas.

Las mesas del bar están ocupando casi toda la vereda. Los transeúntes deben esquivarlas molestos y no dejan de golpearte cada tanto con una bolsa de supermercado o alguna cartera de dama. Si pasa una de esas viejas quejosas, también ligas un empujón justo cuando estás a punto de tomar un café y siempre terminás quemándote las bolas. Por eso, si no estamos dentro del bar ya no optamos por infusiones y siempre vamos directo a la cerveza.

-¿Alguna novedad? – consulta mi amigo.
-Sí, ¿te acordás de Sofía?
-¿La decisión de Sofía?
-No boludo, no de la película. Me refiero a la prima de Alejandro.
-¡Ah! Esa Sofía. Sí, me acuerdo. ¿No estaba casada? Además bastante fiera era la gurisa.
-Pará, no te adelantes. Alejandro le contó que me separé y ella tiene a una amiga que está sola, entonces pensó en mí.
-Veo, veo. ¿Edad?
-40.
-Las peores. Las más maniáticas.
-¿Vos decís? Bueno, ahora que lo pienso, Sofía me alertó de varias cosas.
-¿Por ejemplo?
-Que es una mina que le gusta ir muy despacio. Que no le gustan los detalles románticos porque dice que no son creíbles al principio. Que es muy chapada a la antigua.
-Una papa, nene. Así son la mayoría. Te la hago fácil: ¿dónde la pensabas llevar?
-A cenar a…
-Arrancaste mal. La cena es romántica. Algo más simple. Almuerzo, en la costanera, un buen asado y vino tinto.
-¿Te parece?
-Me parece.
-Buenísimo. Te voy a hacer caso. ¿Costanera? Ok, ok. ¿Me prestás el auto no?

Sábado a las  11.00 en punto salgo a buscar a Verónica. El tipo de la esquina me ofrece un ramo de flores nuevamente.

-Dale pibe, esta vez me lo llevo.

Claro que me olvido que a Verónica no le gusta este tipo de detalles, me sonríe cuando se las doy al llegar a su casa y acepta las flores de compromiso.

-No tenías que molestarte –me dice sonriendo.
-No, ninguna molestia. Las venden en la esquina de casa. Son baratas.
-Ah –y esa exclamación es suficiente para darme cuenta que la embarré más. 

Paro el auto en una parrilla de la Costanera. Sol pleno, río de fondo. Hermoso día.

-Pedimos una parrillada para dos, ¿querés?
-No me gusta la carne.
-Ah –le digo y cambio de tema rápidamente -¿Parece lindo el lugar no?
-Sí - dice escueta.

El mozo nos acerca el menú y observo nervioso que lo único que tienen es carne. Todo tipo de carne: ovina, caprina, porcina, vacuna. Conejos, gallinas, ratas y todo bicho que camina va a parar a la cocina. Levanto la mano y le grito:

-Garzón.

El mozo gira, me mira pero no contesta.

-Garzón –vuelvo a gritarle poniendo un tono francés delicado.

Un tipo que está en la barra le toca la espalda al mozo y le comenta “Me parece que te llaman a vos, Eusebio”. “¿A mí? Pero yo no me llamo Gastón”. “Y yo qué sé, ya sabés qué raros son estos turistas”

-No soy turista –le grito porque se escucha todo.

El mesero se acerca enojado.

-Disculpe, en el menú hay sólo carne, ¿no tienen pastas, minutas u otra cosa? –indago.
-Esto es una parrilla, señor –contesta aún enojado.
-Sí, ya sé. Sólo preguntaba, por las dudas, nunca se sabe, ¿vió?.
-No hay pastas, minutas u otra cosa. Sólo carne, señor. Salvo que quiera el postre ahora.
-Qué bárbaro... y bueh... Gracias garzón.
-Me llamo Eusebio.
-Pedí carne nomás, Guillermo. No me va a matar una vez que coma –interviene Verónica.
-¿Alguna especialidad, Eusebio?
-¿Puede decirme mozo?
-Sí, puedo.
-Entonces dígalo.
-En realidad mozo es el que sirve en las cárceles, pero dale, como quieras. Mozo.
-Gracias.
-De nada.

Y Eusebio se va.

-¿Le pediste algo? –me dice Verónica.
-No, no me dio tiempo, y ahora me da miedo llamarlo.
-Ah –exclama.

Y nos quedamos en silencio. Hasta que Verónica me pega un cachetazo.

-Pará. ¿Qué hacés loca?
-No, perdoname. Tenías un mosquito gigante en la cara –me dice contrariada.

Y es cierto. Nos invaden un millón de mosquitos. En realidad, llamarlos “mosquitos”, así en diminutivo, es faltarles el respeto, porque son moscones, helicópteros en realidad. Empezamos a tratar de matarlos... antes que ellos nos maten a nosotros.

-¿Llamó señor?
-No, no.- le digo mientras le pego a uno de los insectos después de que me picara en un ojo.
-Levantó la mano, señor.
-Sí, para matar a los mosquitos, ¿no ve que estamos tratando de cazarlos?
-Aprovechá y pedile la comida –me aconseja Verónica.
-¿Qué querés?
-Lo que sea.
-Garzón.
-Mozo.
-Como sea. Traenos una ... quedate quieta Verónica, tenés una avioneta en la cara.
-¿Una avioneta?
-Terrible mosquito –traduzco.
-Sí señorita, lo que dice el señor es bien cierto.
-Decile al serbio ese que no necesito que me aclare nada.
-Serbio no. Eusebio, Eusebio –aclara el gar... mozo.
-¿Por qué hay tantos mosquitos acá? –le pregunto mientras acerco mi mano a la frente de Verónica.
-¿Será que vienen porque ustedes le festejan las gracias? –pregunta retóricamente el mozo.
-¿Eh? –le digo.
-Claro, si los están aplaudiendo.
-Ah –exclama Verónica y luego –Ayyyyy – después que le doy terrible mamporro y sus anteojos negros vuelan por el aire manchados de sangre. Su sangre, antes en el labio, que antes estaba cerrado, antes de rompérselo del golpe.


Cuando llego a casa muerto de hambre y todo picoteado, y golpeado (por Verónica y el Eusebio ese, que se terminó levantando a la mina en cuestión), el tipo de la esquina me vuelve a ofrecer un ramo de flores. Decido que el plan de la docena de orquídeas es el ideal para cerrar la velada.

01/04/2011

Miedo en la noche (o táctica de la película de terror)

-Hoy viene una mina a casa -anuncio triunfante en el bar mientras fumo mi nicotina diaria.

El Tarta está con la mirada perdida aún en su amor imposible. Juan Pablo inclina la cabeza y levanta los hombros a la vez que murmura muy bajito: "ahí vamos otra vez", casi como resignado.
Daniel sigue tratando de atrapar alguna aceituna con el escarbadientes y por último, Tapón, está chateando mediante el celular con su amante, sonriendo eróticamente (señal que la mina le debe estar comentando sobre su ropa interior o la ausencia de la misma).
O sea, nadie me da pelota.

Golpeo fuertemente la mesa con un puño (se vuelcan algunas cervezas y palitos, papas fritas y aceitunas vuelan por el aire).

-He dicho que esta noche viene una mina a casa, carajo -grito.

Imposible ignorarme, finalmente consigo la atención que reclamo.

-¿La conocemo' ? -pregunta Daniel intrigado.
-No, carne fresquita -contesto- amiga de un compañero del laburo. La conocí en un after office hace unas semanas y charla va, charla viene. En fin... Hoy es el día.
-¿Qué planes tenés? -consulta Juan Pablo y se le vislumbra en su cara las ganas de corregir cualquier estrategia que mencione a los fines tácticos de la conquista.
-Una peli de terror es la excusa. Voy a cocinar algo, y cuando el miedo se apodere de ella y me abrace temerosa, ¡¡blummm!!
-¿Blummm?
-Sí: “blummm”.
-¿Qué qué ee sisi signi fifi caca bluuu blummmm?
-Blummm, nene. O sea, zas, catapufete, viva la pepa. Aleluya.
-Lo que Guillermo quiere decir -me traduce sin necesidad Tapón- es que se la va a garchar.
-Siempre con la palabra justa vo'.
-¿Y qué peli van a ver?
-Ah, no lo pensé aún. Cualquiera.
-Error -dice contento Juan Pablo al marcar un detalle- Tiene que ser la película justa. Si es mala, se te duerme. Si es violenta, se pone frenética. Tiene que tener la dosis justa de suspenso y terror.
-¿Y me recomendás alguna, experto?
-“El último exorcismo” está buena.
-Titi, titi -agrega el Tarta.
-¿Un mono titi? ¿Dónde? -pregunta Daniel mirando para todos lados.
-Titi, titi, titi burón.
-Si es posible una nueva, Tarta.
-Hay una que se llama “Yo tomaré tu alma”, esa le puede gustar también.
-Si Si Si –repite el Tarta.
-¿La viste?
-Si Si Psi co co co sis –logra terminar.
-De este siglooooo –le ruego.
-“Actividad Paranormal”, con esa, la mina se te caga toda –aporta Tapón.
-¡Un momento! –exclama Juan Pablo contrariado- Hay algo que no entiendo. Vos estás viviendo con tus viejos, ¿dónde los pensás esconder?
-Bueno, la verdad que me sacas un peso de encima, porque no sabía cómo iniciar esta conversación. Necesito que me prestes tu casa esta noche.
-¿Mi casa?
-Tu casa.
-¿Mi casa?
-Sí, ¿otra vez la misma pregunta?  Sí, sí, tu casa. No seas así. Es por una causa justa.
-No sé, mi casa, no sé. Me da cosa. ¿Está buena la mina?
-Está buena.
-¿Qué tan buena?
-Un 8.
-Imposible, un 8 no puede darte bola a vos. No te presto nada.
-Ok, ok, admito que me pasé con la calificación. Tal vez un 5, o un 6 con toda la furia. Pero...
-¿Pero?
-Tiene terribles tetas.
-En ese caso, la casa es tuya. Choque esos cinco.


A las 22.00 hs, Estefanía (la candidata de terribles tetas) toca el timbre del departamento de Juan Pablo. Le abro, me muestra sus molares perfectos y blancos, y me dice:

-Traje helado y un DVD que hace mucho quería ver: “La llamada”. ¿Ta va?
-Dale, sí, cualquiera está bien –le respondo rogando que la película sea lo suficientemente terrorífica para mis diabólicos planes.

Velas aromáticas en el centro de mesa. Luces tenues. De fondo, “Claro de Luna” de Beethoven, primer movimiento, bien suave y un recopilado de música clásica.
Para comer unos canapés y brochetas de entrada. Ensalada de escarola, achicoria y berros con un toque de ajos y aceites de oliva.
Plato principal: Salmón con Manzana, y vino, infaltable a la hora de la seducción.
Los anécdotas se suceden y las risas nos acompañan mientras degustamos los platos. Nos miramos. Sonreímos cómplices del romanticismo que invade el ambiente. Un beso lento y tibio cierra la cena. Inmediatamente Estefanía se acerca y me susurra al oído:

-Qué lindo momento –le entiendo.
-Sí, hermoso momento –afirmo.
-No –niega con la cabeza- Te dije que tenés feo aliento –corrije.

Me lavo los dientes en el baño con el dedo porque no traje mi cepillo. Uso la pasta especial de Juan Pablo para besos: “mentol ultra refrescante, para chupones  inolvidables”... dice una etiqueta que mi amigo le agregó al dentífrico.
Le señalo la pieza a Estefanía y nos dejamos caer en una enorme cama de dos plazas, frente a una TV de 50 pulgadas que cuelga en la pared. Reproductor de DVD conectado a un terrible Home Theatre que abarca 5 parlantes gigantes ubicados estratégicamente en la habitación.

-Sacate las botas, así estás más cómoda –le sugiero y ella obedece sumisa.

Apago las luces y me hago mierda contra uno de los bordes de la cama al intentar acercarme a esta. “Lógico, no se ve un carajo” me respondo mentalmente mientras me acaricio mi ex rodilla izquierda, destruida en el impacto.

-¿Estás bien? –pregunta Estafanía.
-Sí, todo bien. Un pequeño accidente. Un golpe no derriba a un roble. –me río y prendo la TV que ilumina lo suficiente para que no me haga percha nuevamente.
Coloco “La Llamada” en el reproductor, cierro la puerta, y dejo que el silencio del ambiente, la oscuridad y el clima de la película haga el resto.

-Apoyate en mi pecho –le pido a Estefanía y nos tomamos de la mano mientras su cabeza, delicadamente, se acurruca sobre mi ser.

Apenas transcurrida media hora de la película que ni nos hablamos mientras nuestros ojos se mantienen sin pestañear atentos al film. ¿Ustedes vieron “La Llamada” (The Ring)?  Bueno, resulta que hay una nena muy muy mala, bastante despeinada y lúgubre que le quita el sueño a cualquiera.
Las uñas de Estefanía se clavan en mis manos y mis uñas se clavan en las de ella. La aprieto fuerte. Muy fuerte cuando la música, esa musiquita de mierda de terror, sacude la habitación, pregonando que se viene una escena impactante.

-Me lastimás –me dice.
-Callate, no hables que me asustaste –le pido al borde del llanto.

Tengo las piernas entumecidas de tanta rigidez y temblor. Los dientes me rechinan. Transpiro como nunca y empiezo a escuchar sonidos lejanos.

-¿Qué fue ese ruido?
-¿Qué ruido? –me contesta Estefanía.
-Ese, boluda. Escuchá.
-Es el ascensor, tontito.
-¿Estás segura?
-Sí, tontito, estoy segura.

Un grito en la película es replicado con un grito agudo aún más fuerte. Un grito mío. Me abrazo y los huesos de Estefanía rechinan ante la presión.

-Otro ruido. Otro ruido.
-Shh. No seas tonto.
-A mí no me shuushes. Fue un ruido clarito, y viene del baño. Andá a ver.
-¿Yo? Soy la invitada. No me digas que tenés miedo.
-Ja, ¿Miedo yo? ¿Miedo yo? Ahí está, ahí está: ¿Escuchaste? Un ruidito.
-Debe ser alguna cañilla abierta.
-Ahhh, la puta madre. ¿Estás segura? Yo escuché como unos pasos. ¿Estás segura? Para mí vino del living.
-No, tontito. Viene del baño. Dejá que te acaricie así te tranquilizás.
-No, no. No me toques. No me toques.

Y ahí es cuando un resplandor y la música de fondo en la película va en aumento y veo claramente la cara de Estefanía, fantasmal, despeinada. Y grito. Grito como nunca grité en mi vida. Tan agudo el grito que parece perforar paredes y romper vidrios en su paso. Ella también grita, asustada por mi alarido.
Inmediatamente Don Ramón (el vecino, guardia de seguridad) golpea la pared lindante clamando silencio.

-Que esa histérica deje de gritar como loca, que quiero dormir –aulla.
-Yo no estoy gritando –se defiende (a los gritos) Estefanía.
-Vamos a morir, todos vamos a morir –atino a decir acurrucado contra la cabecera de la cama, sujetando enérgicamente la almohada.
-Que se callen –sigue gritando Don Ramón.
-Apagá la TV. Apagala. Apagala –le pido a Estefanía.
-¿Dónde dejaste el control? No lo encuentro.
-Dale, boluda, que ahí viene la pendeja de vuelta.
-A mí no me digas boluda, pelotudo.
-Más pelotuda serás vos. Daleeeee boluda. Ahí viene, ahí viene. ¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!! Ahí está te dije, boluda. Apagala. Apagala.
-¡Que se callen, mierdaaaa!

Un portazo anuncia la salida de Estefanía del departamento.

-Boludaaaaaa, no te vayas. No me dejes solo.
-Callate histérica –vocifera Don Ramón del otro lado de la pared.

Y la chica de la película sale de la televisión que está dentro del film. No sé cómo explicarlo Tendrían que verla. Que me da... Que me da ... Que me da un infarto. ¡Ay, la puta madre! Que alguien apague la puta TV, el puto Home Theatre, y que prenda la puta luz. Que me da, que me da...
Trato de encontrar el control remoto perdido entre las sábanas de la cama, y encuentro una cajita de preservativos sin abrir. Dominado por el terror, la abro y protejo 3 dedos con los mismos, en una acción inútil y desesperada que no logro entender aún conciente de lo que estoy haciendo. “Si muero, me van a encontrar con esto en los dedos, y ahí sí que me van a llamar no forro, sino reforro, triplemente forro”. Los pensamientos siguen invadiendo mi cabeza. El sonido de la película es insoportable, mis gritos apenas pueden ocultarlo e incluso son en vano a tal fin los golpes, cada vez más cansinos, de Don Ramón contra la pared.

La tortura concluye cuando la película llega a su The end y el ruido chirriante de la TV sin señal logra finalmente desmayarme.

01/03/2011

La estrategia de las remeras con frases llamativas

Son cerca de las 19.00 hs cuando nos encontramos con Juan Pablo en un bar por Recoleta. Nos pedimos una cerveza fría y una picadita para compartir. Mientras morfo una aceituna le comento:

-Sabés que en mi laburo a la tarde vienen siempre a tomar unos mates dos ex-empleados . Obvio que el turro del Gerente de RRHH no sabe nada, sino nos sanciona a todos. Pero como los chabones son macanudos, los hacemos entrar por la puerta de atrás.
-¿Y?
-Y nada, no sé, acá comiendo la picada, me vino a la mente. Uno de ellos estudia abogacía, el otro medicina. La idea es fusionarlos e inventar un nuevo tipo de empleado que pueda destruir a la empresa con medicamentos sindicales o algo así.
-Pensamientos estúpidos. Se nota que estás al pedo. ¿Qué tal tus vacaciones?
-Nada, unos días en la costa.
-¿Fuiste sólo?
-Nos fuimos con el Tarta. La próxima podés prenderte también. ¿Vos dónde fuiste?
-Me fui con Andrea en un Crucero por el Caribe. Impresionante.
-Sí, esos barcos son gigantes.

Juan Pablo me mira enojado

-¿Qué barco ni barco? Impresionante Andrea. No sabés lo que es esa mina en la cama. Me dio vuelta
-¿Literalmente? –le pregunto sarcástico.
-Sí –contesta sin inmutarse.

Nos quedamos callados dos minutos.

-En fin –le digo para romper el silencio- con el Tarta decidimos emplear un nuevo método de conquista.
-¿Alguno de los míos?
-No. Este método es nuestro. Pusimos en marcha la estrategia de las remeras con frases llamativas.
-Ampliame
-Ok. Playa: O sea arena, mar, sol, bikinis. He ahí el paisaje.
-Sí, sí, culos y tetas.
-Culos, tetas, sí. Pero curvas sobre todo, cinturas diminutas, pieles bronceadas y húmedas, caritas... Por dió, ¡qué caritas! Sonrisas hermosas, desfiles interminables... Todo ello terminó con la pelota paleta que jugábamos con el Tarta y concluímos con la temida realidad: La mujer es necesaria.
-Siempre y cuando no sean trolos –replica Juan Pablo.
-No es nuestro caso –me defiendo.
-Igual me permito disentir -la voz que se une a nuestra charla es la del mozo, que se acerca con una nueva cerveza -Disculpen que me meta, pero no pude evitar oír y me es imposible no emitir un comentario
-¿Dice que somos putos? –le pregunto furioso.
 -NO, no me refería a eso. Hablabla de la supuesta “necesidad de una mujer”. Mi tío (que en paz descanse) solía decir: "Si la mujer fuera buena, ¿por qué entonces Dios está solo?"
-Muy sabio su tío, ¿hace mucho murió?
-No, no, está de vacaciones en Brasil.

Con Juan Pablo nos miramos pero no le decimos nada.

-Y es más -agrega el mozo que no largaba la cerveza- cuando Dios quiso tener un hijo, lo tuvo por obra y gracia del Espíritu Santo... Ni ahí apareció la mujer.

Asentimos, "la cervecita, por favor" le señalamos, y finalmente el mozo se va.

-Hay que admitirlo, tiene algo de sabiduría lo del tío este -sonríe Juan Pablo.
-Mirá, yo no soy el Espíritu Santo y mucho menos un santo, así que continúo con mi anécdota: Luego de tanto tiempo en la playa mirando mujeres sin cesar...
-¿Cúanto tiempo?
-Como diez minutos. Luego de tanto tiempo, decía, decidimos con el Tarta implementar la estrategia de las remeras.
-¿Que consiste en...? - pregunta Juan Pablo.
-Agudizar el ingenio por medio de la literatura. Ergo, fuimos a comprar unas remeras lisas y les estampamos leyendas graciosas para conquistar a las nenus.
-¿Por ejemplo?
-Bueno, hay algunas ya conocidas en Buenos Aires, como por ejemplo: "Soy invisible, sólo los boludos me ven". Esa ya estaba estampada y el Tarta se la probó y lo estamparon pero con una trompada, justo en el ojo derecho le dieron, un grandote que se ve no era muy divertido que digamos.  Consecuencia de esto, el Tarta no fue a la playa por tres días hasta que el ojo se le deshinchó. En cuanto a las remeras, para no pelearnos con el Tarta, cada uno eligió frases distintas sin decirle al otro qué había elegido y las dejamos encargadas en el negocio.
Yo comencé antes con el experimento mientras el Tarta se quedaba en el hotel donde parábamos. Así que al otro día temprano, tomé el bronceador, la sillita, la sombrilla y con mi bermudas hasta las rodillas, ojotas, anteojos negros espejados (fundamentales, ahora te amplío) y mi nueva remera, fui a probar suerte.
-¿La leyenda de la remera?
-Ahh, sí, le puse en el frente "Busco Novia" y en la espalda "Soy Tímido, Encarame".
-Ja, muy bueno. ¿Y cómo te fue?
-Dejame que te cuente antes la importancia de los anteojos negros espejados. Te acercás a la orilla como si espiaras el horizonte, tu cara apunta hacia un lado, pero nadie sospecha en donde se posan tus ojos, es así como podés apreciar tranquilamente (sin sentirte juzgado) las tetas, los culos, los escotes, las piernas, en fin, todo lo que quieras y nadie sospecha nada. Es como ser invisible.
-Sí, sí, ¿y la remera?
-Bueno, eso me complicó un poquito la invisibilidad, porque realmente logró llamar la atención. Pero no fue lo que pensaba.
-¿Qué pasó? -pregunta ansioso Juan Pablo.
-Las chicas que valían la pena, pasaban y esbozaban una sonrisa o se cagaban de la risa directamente. Otras tiraban epítetos como “forro”, "qué pajero", "viejo de mierda" y las más hirientes "qué boludo importante".
-Mal.
-Sí, al otro día probé con una que decía “Soy feo, pero cariñoso”, pero no hubo caso tampoco. Esto siempre aplicable a las chicas con puntajes del 6 al 10. Porque con las otras, especialmente las viejas, tuve un éxito fabuloso.
-¿Y el Tarta?
-He ahí lo mejor de la historia. Como te había contado, dejamos las remeras encargadas y cada uno le dijo al muchacho que nos atendía, lo que queríamos que estampara. Así que cuando el Tarta se puso bien del ojo, él se fue a comprar las facturas y yo me fui a buscar su remera. No abrí la bolsa como me pidió, porque quería que fuera una sorpresa. Entonces, de nuevo la situación: playa, arena, mar, sol, culos, tetas. Ahí nos encontramos. Yo resignado me pongo una remera que dice: “Soy un monstruo en la cama, probame”, pero al ver que empieza a llover una catarata de insultos, desde “guarango” a “mal educado”, pelé la panza de cerveza  al aire, un faso y decidí dedicarme a observar atrás de mis lentes negros. El Tarta se hacía desear mientras tanto. No se ponía la remera ni daba indicios si lo iba a hacer. “¿Qué esperas?” le dije, y me contestó: “el momo mo mo momomento a a de cucu cucuado”.
-¿Y?
 -Bueno, la cosa es que ya conocés al Tarta, tenía miedo. No estaba seguro de haber elegido la frase correcta, y le tenía pánico al fracaso o al ridículo. “Decime la frase” le rogué, y finalmente la confesó: “SOY PODEROSO, SOY TUYO”.
-No está mal.
-Sí, ni mal ni bien. Correcta te diría. Así que le dije que se la ponga sin miedo, que como mucho iba a pasar desapercibido. Se armó de valor, sacó la remera, se la puso a los pedos y salió corriendo a la orilla a mostrarla orgulloso. Y ahí se armó. La gente que pasaba la decía al Tarta que era una mierda, y los más chiquitos lo señalaban y le decían caca.
-No entiendo.
-El boludo que tomó nota de las frases, se ve que no le tuvo paciencia al Tarta y estampó en la remera: “Soy POPO, POPO, POPO”.

29/12/2010

Navidad

Resulta que las navidades no son lo divertidas que solían ser en nuestra infancia. Las fiestas de fin de año se tiñen de una profunda melancolía que muy lejos está de los regalos que el gordito de Papá Noel nos dejaba en el árbol.
Empezando por los quilombos familiares:

-Nene, ahora que te separaste, ya no tenemos que pasarla con los agretas de tus suegros. Vamos a ir a lo del Tano Ramírez -dictamina mi mamá, a lo que mi viejo responde entre escupitajos:
-Jamás. A lo del Tano no voy. No soporto a la Greta y menos sus histeriquedas a la hora de repartir los gastos. Lo puedo llamar a Alfonso y a Esther que la pasan en la quinta, y de paso tenemos pileta.
-Siempre el mismo interesado vos. Andate con ellos, a mi me cansa que te tiren en cara la guita que tienen, que los autos, el hidromasaje, los tres departamentos que alquilan
-Ok, ok, pero a lo de tu hermana no pienso ir.
-Mientras no vayamos con tu mamá.
-A mi vieja no la puedo dejar afuera
-A mi hermana tampoco.
-¿Qué mierda hacemos entonces? Esto es culpa tuya, nene -me señala mamá- por separarte.

-Gracias má, gracias pá. Salgo gente..

Y con un portazo me voy cantando Jingle Bells irónica y melodiosamente.
En la puerta me espera Juan Pablo con su auto y nos vamos al bar, a encontrarnos con los muchachos.
Ya sentados, Tapón, Juan Pablo, el Tarta, Daniel, Miguel, Ernesto y yo, empezamos a planificar la noche.

-¿Hacemo algo después de las 12, no? –pregunta Daniel mientras le da a la picadita.
-Yo yo meeee queque do en caca casa –apunta el Tarta.
-Siempre igual vos con las navidades, dejate de joder –me enojo.
-Así es el Tarta –aclara Tapón- muchas navidades, pero ninguna noche buena.
-“Árbol de navidad” le dicen –agrega Miguel.
-¿Por?
-Tiene las bolas de adorno.
-¿Por qué no vamos a bailar al nuevo boliche que abren justito para las fiestas, “El Santa Claus Nocturno”? –pregunta Juan Pablo.
-Yo voy a estar con mi jermu –aclara Ernesto.
-Querrás decir mi ex –le respondo, y se genera un murmullo molesto.
-Bueno, che. Por una vez que nos escapemos de casa, no va a pasar nada. ---¿Hay putas ahí? –Indaga Miguel.
-Dejate de putas –acota Tapón – Navidad es el momento de estar con los seres queridos y brindarnos a ellos por completo.
-Mirá quién habla, ¡el infiel!
-Las putas son mis seres queridos –señala Juan Pablo.
-Vos no estabas de novio? –le consulto.
-La verdad que no me acuerdo. Estaba saliendo con Mónica, pero no recuerdo si nos peleamos, y me puse a salir con Jazmín, o si estoy saliendo con las dos en una relación free. Voy a tener que empezar a llevar una libreta con este tema.
-Che, ¡qué lorca de mierda en estas fechas! ¿no?
-Aquí, en Argentina, sí. Habría que irnos al norte.
-Pobre el chabón que se disfraza de Santa Claus.
-Sí, de terror. Con barba, y todo abrigado.
-Mirá allá –apunta Ernesto – Papá Noé.
-Y mamá tampoco –responde Juan Pablo.
-Se dice Papá Noel –le corrijo.
-En Navidad se puede coger o es pecado? –Consulta Miguel.
-No a la mujer de tu prójimo –respondo mirando a Ernesto.
-La cosa e que uses forro –agrega Daniel.
-Para eso tenés que esperar a Los Reyes Magos –acota Tapón.
-¿Qué tienen que ver los Reyes Magos?
-Es que cuando vienen, llegan con dádivas, regalos y con ...dones.
-Vamos a un boliche, hagamos algo –ruega Juan Pablo.
-Al final no me dijeron si se puede o no coger.
-Hay que coger.
-Sí. Esa es una noche buena.
-¿Y a fin de año que hacemos?
-Lo mismo que en Navidad, coger.
-Sexópata – le digo a Juan Pablo.
-Que te recontra.
-Muchachos, feliz Navidad y año nuevo para todos.
-Fe fe fe
-¿Felisa me muero?
-No, pepe pepe lotutu do. Fe fefe liz ...
-Sí, sí. Feliz navidad para todos.

Y las copas de sidra y champagne chocan en el aire haciendo que el deseo se transforme en sonido, casi música de villancico


“Cantemos todos cantemos
cantemos con entusiasmo
cantemos al Rey del cielo
que pronto vendrá a salvarnos.

Señor, tu pueblo te espera
Te espera con alegría
preparándonos estamos
para cuando llegue el día.

Señor: aquí estamos todos
de rodillas suplicando
pidiéndote, oh, Dios mío
que vengas pronto a salvarnos.”

28/11/2010

El infiel

A las 3 de la mañana de un martes, día laboral, suena el timbre del portero en casa de mis viejos, donde mi cuerpo reposa desde mi separación.
Es mi mamà la primera que reacciona:

-¡¡¡¡Neneeeeeeeee, atendé!!!!

Mientras se escucha murmurar y refunfuñar a mi viejo muy bajito "¿quién será el rompepelotas a esta hora?" me levanto con muchísimo esfuerzo y contesto:

-¿Quién es?
-Alejandro.
-¿Magno?
-Ale... Tapón, estúpido.
-¡Ah... Perdoná! Estoy medio dormido, llamame más tarde.
-¡Despertate, tarado! Estoy en la puerta de tu departamento, no en el teléfono. Necesito hablar con vos. Me rajaron de casa.

Sólo escuchar la funesta noticia hace que baje corriendo a abrirle a mi amigo. Poco me importa hacerlo en calzoncillos y medias.
Le explico a Tapón que mis viejos están dormidos y que no podemos hablar arriba.

-A esta hora no hay nada abierto, así que vayamos a lo de Juan Pablo.

Juan pablo vive solo desde su divorcio (el que lee frecuentemente esta historia ya lo sabe... A ponerse al día!). Y su bulín es el que oficia de cuartel central para reuniones de emergencias y clases amorosas.
Toco el portero y le digo por el altavoz:

-Abrí, código MoCo alfa 9.
-El culo te llueve -me responde, y al observarme por el portero visor agrega: -¿Qué hacés en pelotas?
-Uh, no me di cuenta en el apuro, abrí que te cuento.
-Ok -dice resignado y el prrrrrr de la cerradura abriéndose anuncia nuestro ingreso.

Ya en el departamento, Juan Pablo nos reclama:

-Hablemos bajito que estoy con una mina, así no se despierta.
-¿Quién es? ¿La conocemos? -indaga Tapón.
-Morocha, pelo largo -detalla Juanpa.
-El nombre pregunto, no la descripción.
-¡Ahh, ni idea! No me acuerdo el nombre, y menos a esta hora luego de tres polvos. En fin, ¿así que “MoCo alfa 9”? Contá con lujos de detalles, Tapón.
-Inés me echó de casa, descubrió todo.
-¿¿Todo?? Lo del travesti del año pasado fue un error, ya lo expliqué mil veces, les pedí que no lo cuenten -alerta Juan Pablo.
-No boludo, todo lo mío.
-Seré curioso... ¿Y qué es todo lo tuyo? Nosotros estamos en bolas.
-Sí, ya me di cuenta.
-Me refería a la falta de información, no a que estamos en calzones.
-Muchachos, soy un hombre infiel.

Reímos. Mucho. Las carcajadas son estruendosas, tanto que Don Ramón, el vecino de Juan Pablo, guardia de seguridad, que justo hoy (sí, justito) tiene franco, golpea las paredes reclamando silencio.

-No sé de qué carajo se ríen – casi nos insulta, Tapón.
-Es que vos -le digo- sos como el modelo ideal del hombre casado. 4 chicos, caballero, familiero, etc etc. La verdad que se nos hace difícil creerte.
-Será difícil, pero es verdad.
-¿Cómo se llama la mina? -pregunta Juan Pablo.
-Ana Lucía.
-¿Ta buena? -consulto.
-No viene al caso.
-¿Hace cuánto la ves?
-Hace 2 años.
-¡¡¿¿DOS AÑOS??!!  -repetimos al unísono con Juan Pablo.
-Sí, y no puedo más, gente, sostener esta doble vida me está matando de a poco.
-¿Pero la mina no sabe que sos casado?
-No, ella cree que estoy separado.
-¿Pero es boluda? Si vivís con Inés, ¿cómo no puede avivarse?
-Sí, excepto cuando viajo por el laburo al interior.
-Bueno, pero estás laburando...

Tapón hace un gesto de "no" con el dedo índice.

-¡Ahhh, entiendo! -exclama Juan Pablo golpeándose la cabeza con el puño cerrado- A tu jermu le decís que te vas por laburo y en realidad te vas a lo de tu amante y viceversa.
-Correcto.
-¿Y si te llaman cuando estás con la otra?
-No atiendo. Digo que estaba ocupado.
-¿Si es de noche, también?
-Que estaba en el baño, tenía el celu apagado, no sé, la excusa que me salga en ese momento, improviso rápido. Y apenas puedo, me hago una escapada para hablar sin ser escuchado.
-¿Y cogés con las dos? ¿Te da el cuero?
-Con Inés, apenas, ella me busca y a veces cedo; con Ana Lucía en cambio hay pasión desenfrenada.
-Pero nunca nos contaste nada -me quejo.
-Tenía miedo que metan la pata, pero ahora ya es tarde, se descubrió todo muchachos, no sé que voy a hacer.


No le contestamos. Reflexionamos con Juan Pablo sobre los hechos tratando de sacar conclusiones y soluciones determinantes. En el mientras tanto, averiguamos un poco más.

-¿Cómo lo descubrió?
-Empezó por el poco sexo. Ahí nació la duda. Yo le expliqué que estaba cansado, stress, dolor de cabeza, ya saben, lo de siempre.
-No sé de qué hablás -confiesa sincero y confundido Juan Pablo.

Tapón no le da bola y sigue su relato.

-Luego empezó a revisar mi agenda, mi Iphone, mis mensajes. Al principio los borraba, luego le puse clave al celu, lo que aumentó sus sospechas. Configuré el teléfono para que sus mensajes vibren y no repliquen con un ringtone. Cuando el tema se complicó, compré otro celular y lo dejé en la guantera del auto, el tema es que compré el mismo modelo, cloné la agenda y me confundí. Subí el celular que usaba para hablar con Ana Lucia a casa y pafffff, Inés leyó todo, le mandó un mensaje a Ana Lucía mandándola a la mierda.

-¿Y ahora?
-Con Ana Lucía todo bien, le expliqué que era mi ex quien me había afanado el teléfono cuando fui a visitar a mis chicos y me creyó. Le dije que es media loquita y que se cree que seguimos casados. Fue complicado, porque supuestamente yo estaba en San Luis, pero le dije que me volví porque a Pedro, el menor, le había agarrado lo que parecía apendicitis y fue ahí cuando mi ex tomó el celu.
-¡Qué bolonqui! -admito.
-¿Tá buena o no, Ana Lucía?
-Aquí lo importante es mantener el status quo. Por ende, hay que solucionar tu situación con Inés.
-¿Está buena o no? -insiste Juan Pablo.
-Sí, sí, está buena, no rompas más las pelotas.
-¿Qué puntaje? -va por más JuanPa.
-Un 7, ¿está bien? ¿Podemos cambiar de sintonía?
-¿Un 7 en tu escala o en la mía? Porque si es en la mía... ¿tendrá
alguna hermana?
-Igual, tengo que admitir que no entiendo -interrumpo.
-¿Qué no entendés?
-Si Ana Lucía te gusta tanto, ¿por qué no te vas con ella y listo?
-Siendo franco, creo que me siento seguro con mi esposa a pesar de que Inés ya no me
calienta, me da sensación de equilibrio, estabilidad y pertenencia. Aunque la convivencia a veces es una tortura. Con Ana Lucía, en cambio, comparto otros códigos.
-Sí, sexo y preservativos –acota Juan Pablo.
-Nah, no me cuido.
-¿Estás en pedo? ¿Y si queda embarazada?
-Ella toma pastillas.
-Hasta que no la tome y alpiste.
-O se olvide -agrega Juan Pablo.
-Nos vamos por las ramas, muchachos. ¿Qué hago ahora?
-Podés quedarte conmigo, mientras solucionás tus quilombos, pero -aclara Juan Pablo- vamos a tener que coordinar una dinámica. Si venís del laburo y encontrás una media en el picaporte, es que estoy solo.
-¿Por qué no hacés al revés? Dejá una media cuando viene alguien.
-¡No, eso es la mayoría de las veces!
-¿Y qué hago mientras vos estás cogiendo?
-¡Poco ruido!!
-¿Y por qué no te vas con Ana Lucía? -pregunto inocentemente.
-No, ni en pedo. Tiene miles de quilombos económicos, con sus hijos y la mar en
coche. Necesito paz.
-¿Y para qué salís con ella?
-Para tener guerra -contesta, pero Juan Pablo.
-Y bueno, ¿a quién no le gusta una buena batalla de vez en cuándo? –aclara Tapón.
-De todos los tipos, jamás pensé que vos serías infiel. Nunca entendí ese papel. Me parece de una total ausencia de personalidad, ligado, obviamente también, a la ausencia de toma de decisiones.
-Te vas metiendo sin quererlo. A veces las cosas se dan así –insiste en sostener su posición Tapón.
-¿Cómo la conociste?
-En un 0800 para parejas, un buen servicio telefónico.
-¿¿Una cita a ciegas?? ¿¿Estás loco??
-Mal no me salió.
-Noooon, qué vaaa! Por eso te rajaron de tu casa.
-Siempre me gustó Inés en eso. Tiene carácter, tiene personalidad, no se va a dejar pisotear, menos dejar que la engañen en la cara -afirmo.
-Es cierto -me apoya Juan Pablo- esa es una mina con todas las letras y....

Suena el teléfono de Tapón. Habla bajito, dice "gracias" varias veces y corta contento.
-¿Quién era? ¿Qué pasó? –pregunto intrigado al ver cómo le cambia la cara a mi amigo hacia una expresión de felicidad.
-Era Inés, que me perdona, que me ama y que puedo volver con ella.
-Pero... Pero...  No pasó ni dos horas que te fuiste de tu casa.
-Así es, y ahora ya puedo volver en 3 días.
-¿3 días? ¿Y ahora por qué no?
-Porque viajo al interior
-¿Laburo?
-NO, boludo, voy a ver a Ana Lucía.
-Pero ... Pero.... ¿Y si se entera Inés?
-Nah, lo manejo. Me voy muchachos, gracias por todo...

Y el turro se marcha dejándonos con la boca abierta, entendiendo aún menos sobre las relaciones y el amor.

-¡Qué boluda esta Inés! -le digo a Juan Pablo, que sólo atina a contestar...
-¿Estará buena esa Ana Lucía o no?

15/11/2010

Sobre la media naranja, el amor de la vida y las mariposas en la panza

El hospital me da de alta luego de haber perdido como una semana en el trabajo (para saber el quilombo en que me metí, leé los 2 capítulos anteriores). Por suerte, consigo el certificado médico correspondiente para presentarle al terrible Sr Arizmendi, gerente de RRHH de mi trabajo, que pareciera tener la bola de cristal sobre las vidas de los empleados, mentiras, verdades, alegrías y miserias, cosa que me permite (el certificado) evitar el descuento de los días, y cobrar el sueldo completo para cuidarlo como corresponde, esto es: apostarlo en varios partidos de truco en la casa de el Tarta.
Viernes, 21 hs, temprano para pedirnos una grande de muzza doble y otra de cebolla, algunas empanadas, fainá, y la infaltable picada que acompaña a los naipes. Otra noche con amigos.

-Puto -me dice Juan Pablo, y enseguida se corrige- Perdón, quise decir "Truco".
-Fui casi violado, eso no quiere decir que sea puto.
-Jamás dije eso -me contesta con una sonrisa sarcástica.
-Má si, andá a cagar. Quiero retruco -le grito y se va al mazo. Por cagón.
-El a a an an ancho de esp esp pada ti ti titi ene grasa, no se pupu pupu ede jugar así -aclara el Tarta -mientras chorrea muzzarella esta vez sobre el 7 de oro.
-Limpiate con una servilleta, no con las carta, Tarta -le espeta Daniel comiéndose una s como acostumbra.
-Fe fe Fernan da si si siempre me dede de cicicía lo mismo -afirma el Tarta.
-¿Qué tiene que ver una servilleta con esa mina? -se enfurece Tapón- ¿Puede ser que siempre la menciones por cualquier boludez?

Miguel reflexiona sobre lo dicho por Tapón y aclara:

-Se trata quizás del amor de su vida, o al menos de esa sensación que lo embarga. ¿Podría ser que de alguna manera estemos celosos? ¿Conocimos acaso nosotros sentimiento igual? ¿Salimos, besamos, nos casamos o al menos, pudimos ver a los ojos a aquella persona que pensamos era la indicada? ¿Qué tema no?.... Alcanzame una fainà, uruguayo.
-En envi vi vivi ...
-¡Envido! -remato yo.
-No, nono -me corrige el Tarta- en envi vivi vidia, me titi titi enen envidia.
-Real envido -contesta Tapón aprovechándose de mi error.
-El amor definitivo, el ideal soñado, pasión, dulzura, compañerismo, ternura, ¿quién no sueña con la mujer perfecta?, incluso un inmoral como Juan Pablo -desmenuza su pensamiento Miguel.
-Ehhh, yo no soy inmoral -se defiende el acusado.
-Consuelo diría que sos un gato -afirmo.
-Falta envido -grita Daniel.
-Alcanzame otra fainà -reclama Miguel.
-Yo quiero un pedazo de muzza -pide Juan Pablo.
-35 -grita Daniel enloquecido.
-No contesté nada -se sigue defendiendo en vano Juanpa.
-Dijiste "quiero" -le explica el uruguayo.
-Quiero Muzza, dije. No podés ser tan jodido.
-Estamos jugando truco, todo lo que se canta, vale -explica Daniel, inmutable.
-Quiero retruco -replica Juan Pablo.
-Yo pongo en mesa el tema -se abstrae de todo Miguel... ¿Existe la media naranja?
-Los holandeses tenían 2 cada uno en el Mundial -se ríe el uruguayo.
-Qué gra gra gra
-¿Gracioso?
-No. Gra gra grasoso. Popo po por la mumu muzza.

Pero Miguel no se da por vencido e intenta imponer el tema.

-A ver.... Quién conoció a la mujer de su vida?
-Yyyyyo la coco co
-Vos no, Tarta, ya sabemos. No rompas más las pelotas. La pregunta es para el resto. Guille, ¿vos te casaste con la mujer de tus sueños?
-¿Anita? Ni ahí.

Tapón se pone de pie y recita:

-"En el rancho e´la carancha, donde relincha el peludo, hay una yegua atada, con una flor en el culo"

-Jugamos sin Flor -se defiende Daniel.

-Nu nu nu nu
-¿¿¿Nu qué????
 -Nu Nunca di di dijimos na na nada de la flor.
-Nuestras flores –dice Miguel – nuestras propias mariposas, ese ser especial que está por ahí esperándonos.
-Pará un poco –le digo enojado - ¿ Y vos? Te juntaste con Inés, amiga de mi ex.... ¿No es tu media naranja?
-¿Inés? ¿El amor de mi vida? Nahhh...
-¿Vos Tapón?

Alejandro nos mira curioso, mira sus cartas y luego nos vuelve a mirar.

-Dije que tenía flor.
-Dale Tapón, te preguntamos otra cosa, dejá las cartas.
-Tengo 4 hijos preciosos.
-No estamos hablando de eso.
-Ya lo he dicho muchas veces. El amor es una utopía. Existe la compatibilidad. Mi mujer y yo somos compatibles. Listo, eso es todo lo que necesitan saber. Además... ¿A qué viene esa búsqueda del amor perfecto? ¡Cuánta estupidez!  El amor perfecto no existe. El ser perfecto no existe.
-Fe Fe Fer...
-¡¡Cortala con Fernanda vos!!
-Si tengo que ir más lejos –continúa Tapón- esa búsqueda es una excusa torpe e inútil para aquellos que viven en la más funesta soledad. Si se busca el amor sólo para huir de esa posición (a veces cómoda) se está destinado al fracaso.
-Vo vos Uru? –pregunta el Tarta.
-¿Yo qué?
-E e e estás co co con tu meme meme?
-¿Con mi media naranja? No, yo que sé. Es como dice Tapón. Uno a vece se queda con el amor de su infancia. A mí me gustaba la Guadalupe. Nunca se sabe si hubiera funcionado, pero...
-Pero –continúa Miguel- esa sensación de que sí lo hubiera hecho es lo que a veces nos permite continuar. Yo hablo con mi vieja, y habla del Tata con tanto amor, que realmente me da envidia sana. Y ahora, sin embargo, es como que eso se perdió, todo el mundo se divorcia.
-Yo estoy separado –me defiendo.
-¿Hablás por mí? –le pregunta Juan Pablo.
-Vos sos un caso especial. Ninguna te conforma.
-Eso es mentira.
-Sos el modelo perfecto de egocentrismo y del metrosexual. Las mujeres pasan a ser objetos solamente para vos.
-Yo también tuve mi secuencia de embobamiento.
-Y dale con esa estupidez.
-La secuencia de embobamiento –continúa Juan Pablo- es esa sensación que ustedes describen como el amor perfecto. Pero coincido con Tapón. El enamoramiento después muere y quedan cenizas.
-Yo creo –filosofa Tapón – que no te podés enamorar porque vivís aún de la gran desilusión que fue tu matrimonio. Te dejó vacío y sólo te queda descalificar a los demás, en este caso, al género femenino.
-Yo leí por ahí–me confeso- que somos en realidad una naranja completa. Esa necesidad de partirnos es masoquismo puro. Ganas de lastimarnos.
-Fe Fe Fe
-¡Cortala con Fernanda!
-Fe Fe Feo pepe pepensa mimi ento. Eeeel a mor eeee existe.
-Ilusiones, delirios, quimeras, utopías... El amor se construye –afirma Tapón.
-Será que –y me paro como para dar cátedra y  la vez, fuerza a mi dictamen – el amor de la vida es siempre aquél que no pudimos tener, que se nos escapó, que nos dejó rozarla o apenas saborear su sabor, aquél que nos lastimó porque simplemente no sentía lo que nosotros sentimos, ya lo decía el gran Freddy Mercury con su “amor de mi vida... ¿no puedes ver?” porque simplemente ella no sabe o no sabía lo que significaba para nosotros... ... o para mí”.

Y casi sin darnos cuenta, los seis nos ponemos a cantar a viva voz:



“Love of my life can't you see,  Bring it back, bring it back,
Don't take it away from me, because you don't know, what it means to me.
Love of my life don't leave me, You've stolen my love, you now desert me,
Love of my life can't you see, Bring it back, bring it back...





-¡Qué capo Freddy! –exclama el uruguayo.
-Ssnf ssnf – se suena los mocos el Tarta lloroso.
-Bueno, che, parecemos seis maricones, a ver si reparten las cartas –exclama Juan Pablo con voz bien ronca.
-Sí, carajo, mierda –intenta parecer más macho Miguel.
-Poné música, Tarta –le pido.
-Ni se te ocurra poner Queen porque te achuro –amenaza Juan Pablo.
-Tampoco Luis Miguel.
-Sí, poné algo heavy.... ¿Tenés Kiss?
-“Kiss” significa beso, pelotudo, ¿no podemos cambiar de tema?
-Che, gente, a ver si dejamos de pelear.
-El gaucho de nuestras pampas, peleaba con trabuco, yo peleo con tres cartas
... porque tengo flor y truco”.

Y la noche nos atrapa, entre risas, cargadas, juegos y pensamientos perdidos en la lejanía.

29/10/2010

Burocracia musical

La experiencia vivida en Berazategui es probable que me deje marcado para toda la vida, especialmente por las quemaduras de tercer grado en mi espalda, el látigo, las muñecas cortadas y las trompadas que el marido de Valda me dio cuando descubrió nuestro affaire. Ni que hablar de la soberana patada recibida en mi retaguardia para despedirme a la calle.
Finalmente un vecino piadoso llamó al SAME quienes se ocuparon de trasladarme al hospital más cercano; hubiera llamado yo de haber encontrado el celular, cosa que el proctólogo en el nosocomio pudo conseguir.
Suero, sedante, vendas, boca abajo por inflamación trasera, la enfermera al menos es amable cuando me explica que debo reposar y tratar de relajarme.

-El doctor nos ha dado instrucciones para que la luz sea tenue, nada de TV (igual en la posición que está no puede ver nada), nada de ruidos. El stress que usted tiene es de cuidado, así que trate de dormir todo lo que pueda.

A pesar de los consejos marco con el meñique derecho (el índice lo tengo fracturado) el 0800 del departamento de atención al cliente de la página web de www.yomeengancho.com.ar con toda la intención de denunciar a la mujer responsable de mi situación física.
Me recibe un tema de Julio Iglesias, "El amor" y una voz sexy que me indica:

-"Se ha comunicado con Telecentral SRL, si usted quiere contratar alguno de nuestros servicios, por favor marque el 1; si tiene dudas sobre su factura, por favor marque el 2; si quiere realizar un pago, por favor marque el 3; si quiere realizar un pago, por favor marque el 4; si quiere realizar un pago, por favor marque el 5; si quiere realizar consultas técnicas sobre nuestros servicios de televisión, telefonía o Internet, por favor marque el 6; si quiere realizar un pago por favor marque el 7; si quiere realizar consultas técnicas sobre yomeengancho.com.ar, por favor marque el 8; para repetir el menú por favor marque el 9; si quiere ser atendido por un representante del departamento de atención al cliente marque la raíz cuadrada de 753.562 multiplicada por la división de 15.853 con 549."

Decido marcar el 9 y realizo la cuenta con el celular (trae  calculadora científica), no sin cierta dificultad en apretar los números debido al lubricante que torna resbaloso el aparato.  Marco el resultado correspondiente. Otra voz femenina me recibe:

-"Se ha comunicado con Telecentral SRL, atención al cliente, por favor, marque el 1 si necesita hablar de los servicios de televisión; 2 para Internet; 3 para telefonía; 4 para yomeengancho.com.ar; 5, 6, 7, 8 para realizar un pago; 9 para repetir el menú”.

Marco el 4 y finalmente me atiende un operador:

-Buenos días, mi nombre es Ernesto Chusmanchú, ¿me permite su número de cliente?
-Días, Ernesto. No tengo mi número de cliente a mano.
-¿Me permite su DNI?
-Le puedo pasar el número, el documento lo necesito.
-A eso me refiero señor. Y su fecha de nacimiento.
-Ok.
-No corte.  Mientras buscamos su número, le pasaremos con una breve encuesta.
-No, espere...

Sale Julio Iglesias cantando ahora "Jurame, aunque pase mucho tiempo, no has de olvidar el momento..."  Y tiempo justamente es lo que pasa con la encuesta con preguntas que van desde “¿cuál es su posición favorita? ¿Está a favor del aborto? ¿Probó pagar la factura por adelantado? ¿El mundo dejará de existir en el 2012? (en ese caso, abonando ese año por adelantado, usted tendrá un descuento del 20%).

-Hola, ¿sigue ahí? -la voz del otro lado corta, afortunadamente, la encuesta.
-Sí, sigo aquí Fumanchú.
-Es Chusmanchú, con CH, señor.
-Lo que sea.
-Su número de cliente es el 1744.
-Ok, perfecto. ¿Y ahora?
-Aguarde en línea mientras le paso al sector correspondiente.
-No, por favor, espere. Ni le dije mi problema.
-Es que aquí atendemos sólo los números impares.
-Sí, yo entiendo, pero...

La música de Queen, Bohemian Ehapsody, me sorprende y me aturde con su " mama mia, mama mia. Mama mia, let me go " a todo volumen.
Luego de escuchar el tema completo que dura como 6 minutos, me salta nuevamente el menú principal. Hago nuevamente el cálculo, accedo a un operador que me dice con voz amable:

-Bienvenido a Telecentral SRL. Su número de cliente por favor.
-1744.
-Ah, es número de 4 cifras, aguarde unos instantes.
-Señorita, ya me pasearon por todos los operadores.
-Soy señor, tendré la voz finita, pero señor. Y le tengo que pasar. No corte.
-Deme un numero de reclamo al menos.
-Aguarde unos instantes mientras proceso su número

La música de Para Elisa, de Beethoven,  intenta dormirme pero me mantengo firme.

-Tome nota, señor: el número de reclamo es TKG-u-e-8256 A*4. No corte que lo paso al sector correspondiente.

Chayanne con "Provocame" sacude mis oidos. La pequeña TV que monitorea mi secuencia cardíaca comienza a emitir un sonido agudo. La enfermera entra, pregunta si está todo bien, la mando a la mierda y sigo concentrándome en el teléfono.

-Bienvenido a Telecentral SRL, ¿cuál es su problema, señor?
-Conocí a ...
-Me permite primero su número de cliente.
-1744.
-Me decía...
-Conocí a una usuaria en yomeengancho.com.ar y quisiera hacer una denuncia.
-¿Qué tipo de denuncia?
-Fui prácticamente violado.
-¿Se concreto o no la violación?
-No le sabría decir. Por el dolor, apostaría más por el sí que por el no.
-¿Me puede informar el nombre de la usuaria?
-Yonolosé...
-Sin ese dato no puedo hacer nada.
-Me interrumpió: la usuaria es yonoloséperovoslosabrássoymorochainfernal
-¿Todo eso es el nombre?
-Si.
-¿Puede describir los hechos?
-Puedo pero... ¿Es necesario?
-¿Qué tipo de ataque sufrió?
-La mina era sadomasoquista.
-Ah, en ese caso, aguarde que le paso con el departamento de sadomasoquismo.
-No, no, no me ponga musiquita por favor, no me ...

Pero me sale un tema de Shakira y Alejandro Sanz "La Tortura" y el sensor del corazón empieza a escalar en el gráfico fuera de los parámetros normales.
Luego de 15 minutos, una voz masculina me atiende

-Departamento de violaciones, ¿en qué podemos ayudarlo?
-si, le cuento...
-Número de cliente?
-1744, 1744, 1744, 1744.
-¿1744? No le entendí bien.
-Se lo dije cuatro veces. ¡Cuatro veces! Es 1744. 1744.
-Ya le entendí, tranquilo. Cuenteme. ¿Cuál es su problema?
-Una loca de mierda me ató a la cama...
-Un momento... ¿Sadomasoquismo?
-Sí.
-Le pasaron mal, esto es Violaciones.
-¡Pero yo pedí por Sadomasoquismo! –grito furioso.

Es cuando digo estas palabras que ingresa la enfermera y me dice que soy un enfermo, un depravado y que en vez de estar contratando putas por teléfono, tendría que reposar. No le doy bola y sigo discutiendo con Telecentral SRL.

-Ya le paso con Sadomasoquismo, anote su número de reclamo por mala derivación KGAD-a-125935.
-.¿...35 me dijo?

Pero la música de “Ten paciencia, que el que espera desespera” de Thalía me interrumpe. A la media hora escucho finalmente:

-Departamento de Sadomasoquismo, Josefina Dasnota lo atiende.
-Hola Josefina, estoy llamando por una denuncia.
-¿Número de cliente?
-1744, 1744.
-¿Qué tipo de denuncia?
-¿Qué tipo de denuncia puede ser, si hablo con el departamento de Sadomasoquismo? ¿Es usted IDIOTA?
-No señor. “Dasnota”, Josefina “Dasnota”.
-NO, estúpida, le digo que es idiota, torpe, boluda, estúpida.
-Repitió “estúpida”.
-Retardada mental.
-Si va a insultarme, lo derivo al DCC.
-¿DCC?
-Departamento de Clientes Conflictivos.
-¿Por qué no me derivás a la reconcha de tu hermana?
-No corte, lo derivo.
-NONONO, hija de mil puta. ¡La musiquita otra vez no!

Se enciende una luz roja intermitente en la sala e ingresan 2 enfermeras con un doctor
-Este es el paciente, doctor, está cada vez más nervioso y no para de gritar.
-Apliquen 3 milímetros de relajante muscular, Carisoprodol, y me lo canalizan con un sedante potente, y saquen ese teléfono de su mano.
-¡No, por favor! -clamo lloroso- ¡El teléfono no, que ya me atienden!
-Y le ponen música para tranquilizarlo -agrega el doctor.
-NOOO, música no, música no.

Pero la inyección hace efecto y me deja planchado, casi sin reacción. La música de ABBA suena de fondo (Thank you for the music ) mientras escucho una voz que sale del celu diciendo:

-Telecentral SRL. Departamento de clientes conflictivos. ¿En qué podemos ayudarlo?... ¿Hola?... ¿Hola?... ¡Qué clientes de mierda! ¡No tienen un carajo de paciencia!! Siempre me cortan. Siempre, siempre, siempre.

06/10/2010

¡Qué bardo con Valda!



La secretaria de la doctora Cornelia Parada ingresa al consultorio sin golpear la puerta.

-Doctora, ya está aquí Amadorcito Villasoldati, recién llegadito del pueblo de General Frutos, con más granitos que nunca en la cara y con suma urgencia en ser atendido.

Aprovecho la interrupción, me limpio como puedo y huyo con un "volveré" de película, seguro de que la doctora Parada será una gran guía en mi futuro inmediato.
Me decido a poner en práctica todos los consejos de la sexóloga y llamo a Consuelo para que sea mi conejillo de Indias, pero una serie de epítetos extraños y groseros del otro lado de la línea me dan a entender que sigue bastante enojada aún conmigo.
Resuelvo entonces volver a entrar al sitio on line www.yomeengancho.com.ar en búsqueda de una candidata potable para mi experimento sexual.
Una hermosa mujer de 34 años contesta mis requerimientos, luego de haberle mandado 758 mensajes consecutivos. Y lo principal, no busca nada serio sino sólo "diversión pajera", a la cual acudí inmediatamente al leer el mensaje que me identificó por completo. Valda (ese su nombre) me aclaró antes que nada que había leído mal: diversión “pasajera”, no “pajera” me dijo con una sonrisa burlona.
Nos encontramos en un bar. En el mismo que uso para todas mis primeras citas.
-¿Que tomás? -le pregunto y ella elude la bebida y me ahorra unos mangos al invitarme a su hogar.
-Conmigo ni te gastés, que busco otra cosa. Vamos a mi casa -me ordena y me levanto tan rápido que olvido pagar los cafés que había consumido entre varios cigarrillos.
El caos de la ciudad nos azota al salir del bar, el ruido de los bocinazos y las puteadas de los transeúntes apenas me deja escuchar cuando ella me pregunta si me gusta el té. "Sí, tomo cualquier cosa" le afirmo mientras pienso: "¿Quién carajo piensa en lo que voy a tomar? ¡Quiero coger!". Nos subimos a su auto y rumbeamos para Berazategui, a una casa oscura y siniestra, apenas iluminada por una vela aromática que se ve desde la ventana.
Traspaso la puerta y Valda me da un sopapo brutal en la cara que me rompe el labio y me deposita sobre la cama. Me pone boca abajo y me ata de pies y manos.
-¿Qué hacés loca? -mascullo preocupado por la situación.
-¿No me dijiste que te gustaba? -me dice ella.
-¿Ehhh? ¿Cuándo?
-En la calle, al salir del bar.
-Vos estás rayada, sólo me preguntaste si me gustaba el té.
-No, qué té ni que té. Te dije si te gusta que TE aTEn.
-¡Ahhh! - exclamo en el preciso momento que ella se desnuda por completo y se calza un vestido de cuero negro ajustado. "Miauuu" me dice mientras me lame y me rasguña un cachete.
-¿Te gusta bebé? -indaga pero cuando quiero contestar "me pareció ver un lindo gatito" una mordaza me tapa la boca.
Un látigo de dimensiones gigantes aparece de la nada y me azota el traste.
-¿Quién es tu ama? ¿Quién es tu ama?
-No corro -se me escucha exclamar con esfuerzo por la mordaza.
-Ya te vas a correr, dame tiempo -asegura Valda mientras prende una vela y vuelca la cera sobre mi espalda desnuda.
-No corro -insisto aullando de dolor hasta que con la lengua me saco la mordaza, no sé como, y el "socorro" sale clarito sin confusiones.
-Gritá todo lo que quieras, nadie te va a escuchar -me dice repitiendo exactas palabras de asesinos seriales de millones de películas de terror y llevando la preocupación por mi vida, a un nuevo nivel.
Escucho un "crack" y pienso que me ha roto alguna costilla, pero es la cama que se parte al medio ante los saltos que Valda realiza sobre mi columna vertebral en una especie de masaje homicida.
-¡Pará loca, me estás matando! –le grito a la vez que logro zafar una mano de la cuerda que me aprisiona y la paso alrededor de su cuello. Sujeto la otra parte de la cuerda con la boca y tiro.
-Sí, ahorcame papi, asfixiame –grita Valda.
-Rayada, pará un poco.
“Esta vez no la cuento” pienso cuando Valda logra zafar de la cuerda y trae un pene gigante vibrador hacia la cama con intenciones violatorias. Abre un pote de lubricante y me rocía por todos lados.
-Te va a doler al principio, pero después te va a gustar –me aclara mientras se vuelve a sentar sobre mi espalda y me ata la mano que había logrado liberar.
-No, no –grito descontrolado mientras me revuelco y me muevo evitando el artefacto violador. Tanto salto da resultado, y Valda resbala toda su humanidad entre tanto lubricante siendo su destino final un terrible cocazo contra la cabecera de la cama. Y cae desmayada. El pene de goma continúa vibrando peligrosamente cerca de la zona del gol, con lo cual decido no moverme para evitar cualquier intruso no deseado en mi retaguardia.
Pasan horas angustiosas y largas. El aparato parece el conejito de la propaganda, y sigue, y sigue, y sus pilas son interminables. El ruido además de generar seguramente un serio problema psicológico en mí, está lastimando físicamente mis tímpanos.
Son las 10.00 de la mañana cuando me despierto (indudablemente sucumbí a los nervios y al cansancio) y me descubro igual, atado, con el sonido molesto y vibrante de fondo, aunque la luz del sol entrando por la ventana hace la escena menos terrorífica.
“Ya está, no puedo estar peor que ahora” me digo cuando escucho como se abre la puerta de la casa de Valda y una voz ronca y varonil anuncia:
-¡Querida, llegó tu papi! Allí voy.

25/09/2010

Una Parada poco atractiva pero interesante

-¡Ahhh, listo, fabulosoooo! -le digo a Consuelo y me deslizo a su lado.
-¿Listo? -me dice ella con cara fastidiosa (por no decir furiosa).
-Ajá -exclamo emulando a mi psicólogo van Uto.
-¿Listo? -vuelve a repetir ya no enojada, sino llorosa.
-Sí, ya te dije que sí dos veces. ¿Qué te pasa?
-Guille, a ver, en pos de la sinceridad que nos une debo confesarte que nuestros últimos encuentros amorosos (y soy generosa con el adjetivo) fueron decepcionantes.
-Pará un poquito, no seas así, si te escuché gemir todo el tiempo.
-De dolor sería, porque me estabas aplastando con tu zapán.
-Pero, pero... ¿Por qué?
-¿Querés detalles?
-Sí. ¿Ya no te gusto?
-No es eso.
-Me vas a salir con eso de “no sos vos, soy yo”.
-Dejá de decir huevadas, que somos amigos con privilegios, nada más. Que conste que fuiste vos quién pidió detalles, y voy a obviar el triste episodio de la pérdida del forro. Enumero. A saber:
1- Recién acabaste en 2 minutos.
2- Ayer, y pasado en 5 minutos, lo que puede decirse un récord.
3- El juego previo desapareció, la querés meter, traca traca y ya.
4- Es un solo polvo y después roncas como cerdo a mi lado.
5- No te bañas ni antes ni después de coger.
6- Una misma posición aburre siempre.
7- Sería bueno que de vez en cuando vos te movieras un poco también. Mi espalda está destruida.
8- Cuando te dije que quería un buen cunilingus, me dijiste que sólo tenías Coca Cola y ginebra en la heladera.
9- Lavarse los dientes ayuda a los besos de lengua.
10- Se está complicando que tu pene se pare como corresponde, o simplemente que se pare. Ya probamos con viagra, y el último experimento (con pegamentos como la gotita y el pulpito) no salió nada bien y terminamos en la guardia del Hospital Pirovano.
11- Es bastante molesto que te tires pedos mientras cogemos.
12- Y por último, y quizás lo más importante, yo no me estoy corriendo, no me pasa un carajo y necesito YA acabar con este estado de ansiedad que me está atormentando.

La miro, me froto la frente con las dos manos y hago fuerzas para evitar el bostezo que si surge, es capaz de matarme porque va a pensar que no le estoy dando importancia a lo que dice. Además mientras contabilizaba, me ayudaba con mi calculadora de mano (es decir, los dedos), pero cuando pasó el punto 10, se me complicó seguir el hilo.

-Bueno, ahora van a pasar por la tele un partido del Barcelona y juega Messi. ¿Qué te parece si lo vemos acurrucaditos en la cama y después hablamos de todo esto?

A veces Consuelo me asombra con su velocidad. Casi ni me doy cuenta de cómo y por dónde logra que en segundos aparezca en la puerta de su casa, envuelto sólo con una sábana, bajo la lluvia que azota justo en ese momento a mi querida ciudad.
Espero una hora, pero luego deduzco que no es un chiste, que realmente se enojó y termino encaminándome a la casa de mis viejos que me reciben con “tenía la esperanza que hubieras conseguido donde quedarte” y un “me imagino que ya habrás cenado”.
Oídos sordos a todo comentario mordaz y llamo a Tapón para comentarle mis problemas. Solícito me pasa el teléfono de Cornelia Parada, una sexóloga a la que acude para mantener el fuego de su matrimonio, y me decido a visitarla.
La imaginación se me hace añicos cuando entro al consultorio. No sé porqué me imaginaba a una hermosa hembra, prominentes pechos, cintura delgada. Sin embargo, Cornelia es rellenita, una nariz enorme que realmente asusta, algo petisa, y una especie de grano gigante sobre el cachete derecho. Más que grano es como una gran mancha, con pelos negros. Y ella está teñida de rubia.

-Señor Domínguez, dígame cuál es su problema.
-Puede decirme Guillermo. Y no tengo un problema, tengo varios.
-Señor Domínguez, siéntase cómodo y exprese todo lo que desee.
-Gracias. Pero puede llamarme Guillermo.
-Le agradezco, señor Domínguez.

Extraño el sillón del Dr. van Uto. Aquí estoy sentado en una silla con un escritorio de por medio. Atrás de la doctora, un poster del cuerpo humano, con las figuras femeninas y masculinas, totalmente en pelotas. Me excita.

-¿Y? ¿Su problema señor Domínguez?
-Ah, disculpe. Me quedé admirando su consultorio. Ella y su culo me dice que es rápido.
-¿Eh? Disculpe, no le entendí. ¿De qué se queja su pareja?
-Algo así me dijo. Que  ella y su culo, y que soy muy rápido.
-Le dijo que EYACULA rápido. Por favor, hable con propiedad.
-Ah, sí, la lechita. Es que no tengo una gran experiencia en cuanto al sexo se refiere, y ella se mueve muy bien, y llego enseguida. Parece ser que esto a ella no la hace feliz (bastante egoísta por cierto) y se está quejando.
-Ella no está teniendo orgasmos. Es importante que el sexo sea compartido, que se hablen, que no sean tímidos en cuanto a lo que les gusta.
-Además, tengo problemas de erección. Aunque es raro. Porque recién viendo el poster atrás suyo se me paró al toque, se disparó como un resorte al golpear el piso, pero cuando estoy con ella, es como que a veces me pongo nervioso.
-Eso es psicológico, señor Domínguez. ¿Realizan juegos pre-coitales? 
-A veces jugamos al poker. Al T.E.G no, porque el otro día quisimos jugar un partido rápido, empezamos el sábado y el domingo a la tarde aún no había terminado, es un juego interminable, no se puede jugar de a dos.
-Me refiero a juegos sexuales, señor Domínguez. No a juegos de mesa.
-¿Pero no se puede tener sexo sobre la mesa?
-Sí, ¿y eso qué tiene que ver?
-En ese caso, ¿no sería un juego de mesa y a la vez un juego sexual?
-Lo que yo pregunto es si se acarician, se besan entre ustedes o si van directamente a la penetración.
-¡Epa! Usted es directa, doctora.
-Aquí tiene que hablar con propiedad, sin vergüenza.
-Es que me cuesta.
-Bueno, aflójese.
-Y bué, yo se la meto de una, doctora.
-¿Sin lubricación?
-¿Hablamos de autos, ahora?
-No, señor Domínguez, ¿usa algún aceite? ¿Practica antes el cunilingus?
-Mire que casualidad, ella me pidió esa bebida y no tenía.
-¿Qué bebida?
-Esa cuningus o lo que sea. En el almacén chino que está frente a casa al menos no la escucharon nombrar, aunque nunca se sabe con estos chinos, porque no me entienden un porongo cuando hablo, no sé si lo hacen a propósito, porque al final me terminé llevando una gaseosa energizante que era horrible.
-No, no, no. Cunilingus no es una bebida, señor Domínguez. Es practicar sexo oral con la mujer.
-Ah, chuparle la cachucha dice usted.
-Cunilingus se dice, hable con propiedad.
-¿Pero hablo con propiedad o sin vergüenza? ¡Decídase!
-Las opciones no se contradicen.
-Bueno, como sea, no, ni en pedo meto la lengua ahí. Es asqueroso. Lleno de pelos. Un asco.
-La estimula al menos con el dedo.
-Sí, obvio. Le meto a veces 3 de golpe.
-Pero no, no puede meter 3 dedos de golpe sin estimular la zona, sin acariciarla. Es importante que la bese, acaricie sus pechos, no sólo sus pezones, el juego previo es fundamental, antes de introducir un dedo, o los que su pareja acepte, o el pene, tiene que lograr que la zona esté bien lubricada.
-Uhh, tanto quilombo para meterla un rato.
-¿Ella le practica fellatio?
-Guillermo, me llamo Guillermo.
-Fellatio no es un nombre.
-¡Ah! Pensé que era una especie de Federico. Y que...
-No, no, no. Fellatio es la estimulación oral de la mujer al pene del hombre.
-Ah, pero qué manera de poner nombres complicados. Sí, ella me la chupa. Pero no mucho tiempo, porque si no llego enseguida.
-Eyacula –corrige la doctora.
-No, ella no. Yo llego enseguida.
-Eyacula de eyacular. No de “ella” y de “culo”. Eyacular. E-YA-CU-LAR. ¿Se acuerda? Ya lo hablamos.
-Bueno, bueno, no se altere. Sí, sí, ahora me acuerdo. Es que no uso mucho ese verbo. Que salte la lechita es eyacular. Listo. Aprendido. Así que no me hace mucho el Federico sino eya... eyaculo rápido.
-Fellatio.
-Fellatio, Federico, eso. No la chupa mucho tiempo.
-Le voy a recetar lidocaína, que lo va a ayudar con el tema de la eyaculación precoz.
-No, le agradezco, no tomo drogas. Bueno, de vez en cuando un porro, pero nada más.
-Lidocaína es una anestésico local para la piel del pene. No dije cocaína.
-Bueno, ta bien, se está enojando. Sepa entender. Terminan igual, en “caína” las dos. Cualquiera se puede confundir.
-La eyaculación precoz se puede deber a muchos factores, pero seguro el suyo es psicológico.
-¿Y cómo hago que ella se corra? No quiero hacer ningún cunilinada, que no me gusta.
-Dígale a ella que se depile, quizás el olor de los pelos le moleste.
-Yo tengo un amigo que se depila las pelotas, así que seguro algo de eso debe haber.
-Y juegue con ella. ¿Usan juguetitos?
-No.
-Pruebe. Vaya a un sex-shop. Y si no le gusta el cunilingus, entonces estimule el clítoris de otra manera. ¿Sabe que es el clítoris no?
-Sí, la concha.
-No, no, no. No sea bruto. El clítoris es una parte específica de la vagina de la mujer. ¿Sabe donde está?
-Ehhh.
-No, no sabe. Mire –la doctora abre un cajón- esto que tengo acá es un modelo de vagina. Estos son los labios vaginales. Aquí arriba, ¿ve? Aquí, es el clítoris. Toque, toque.
-¿Esto?
-Sí, esto. Y antes de llegar a esto, tiene que estimular todo el resto del cuerpo, los pechos y no sólo los pezones, el cuello, las orejas, los dedos de los pies, la entrepierna, los labios vaginales, acariciarla siempre, besarla, ¿entiende? Deme su dedo, lo mueve así, despacito, de arriba abajo, de manera circular, va aprobando luego introducir un dedo, dos, su pareja la indicará el número correcto, el ano es otro lugar que debe acariciar, y antes del coito sigue moviendo así, y cuando la penetra no siempre tiene que ser a lo bruto, a veces despacio, a veces rápido, introducir la mitad del pene, girar, distintos movimientos, juegue, se tiene que divertir y luego el...
-El ... El...
-Sí, me interrumpió. El qué dice usted.
-El... El...
-¿¿El qué??
-El... No, digo... Ella... Ella...
-¿¿¿Ella qué???
-¡Ella... culé! Perdón.